Imagine una ciudad pensada para pasear junto a sus hijos y abuelos con total tranquilidad. Ésa es, sin duda, La Laguna de este siglo. La peatonalización del centro, todavía en curso, ha transformado la urbe en una gigantesca plaza abierta a los habitantes. Los ciudadanos han recuperado el espacio público, algo que se percibe sólo con dar un pequeño paseo por el casco histórico: niños columpiándose en nuevas y céntricas plazas, familias recorriendo de la mano varias manzanas sin tener que preocuparse de pisar la calzada, mayores contando historias, sentados en bancos que miran a frondosos jardines.
Hoy, viandantes de todas las edades ocupan cada rincón de la urbe. En torno a ellos ha nacido una nueva hornada de establecimientos comerciales y actividades culturales. Tras las familias han llegado los espectáculos de teatro y los músicos ambulantes. Los pasacalles mañaneros recorren las calles todos los fines de semana y las terrazas se ven llenas de niños y padres. Basta un pequeño paseo en bicicleta para acercarse al campo, a la vega lagunera. El Mercado Municipal, en la plaza del Cristo, abre sus puertas a diario para ofrecer los mejores productos agrícolas y ganaderos de la temporada, pero también un excelente chocolate con churros. Los dulces y los juguetes, e incluso el encanto mágico de las historias sobre el pasado de la ciudad, hacen las delicias de los más pequeños.
Es el niño que La Laguna conserva en su interior. ¿Aguantarán sus hijos una ruta cultural por su patrimonio histórico? Pruebe a contarles que en la iglesia de Santo Domingo está enterrado un pirata, o que dicen que el Palacio de Lercaro está habitado por fantasmas. Llévelos de paseo a la exposición científica que acoge el Instituto Canarias Cabrera Pinto, al Museo de la Ciencia y el Cosmos o acérquese con ellos a Bajamar, una de las localidades costeras del municipio, para ver el mar estrellarse contra la costa. Hábleles del rayo verde, de las corujas que surcan cada anochecer las aceras y muéstreles las ruinas de lo que fue la iglesia de San Agustín, devastada por un incendio. ¿Hace falta un parque de atracciones para hacer feliz a un pequeño?
Un pequeño consejo:
La Laguna es una ciudad entregada a la divulgación de la ciencia y la cultura. Le proponemos una ruta por sus salas de exposiciones, desde la muestra de Historia Natural del Instituto Canarias Cabrera Pinto, pasando por el Museo de Historia de Tenerife, ubicado en la casa Lercaro, hasta las maravillas del universo que esconde el Museo de la Ciencia y el Cosmos, un lugar que sorprende a niños y adultos. Pero esto no es todo: muchas galerías privadas muestran sus colecciones al público en pleno centro de la urbe. Merece la pena descubrirlas