Después de recorrer las calles del casco histórico, visitar sus principales monumentos y disfrutar de su amplia oferta cultural, puede que se sienta exhausto. Por fortuna, La Laguna no sólo satisface ampliamente sus inquietudes intelectuales, sino también las gastronómicas. Sus tascas y restaurantes lo esperan en la calle para mostrarle las bondades de la cocina regional, nacional e internacional, desde un simple pincho hasta el plato más elaborado. Mientras pasea por las vías peatonales del centro, siéntese en una terraza y disfrute de un descanso. Tampoco se olvide de ir a alguna de las pastelerías locales para probar un lagunero, un rosquete de milhoja con nombre de ciudad. Le sorprenderá todo lo que puede encontrar en lugar tan pequeño.
Esta ciudad es un centro comercial al aire libre. La zona antigua de La Laguna se ha convertido en su primer motor económico, sobre todo gracias al empeño de los pequeños comerciantes. Artesanía, moda, mobiliario de diseño, calzado, regalos, instrumentos musicales, electrónica… En apenas unos kilómetros cuadrados de superficie puede encontrar una amplia variedad de establecimientos, muchos de ellos negocios familiares, en los que hacer sus compras disfrutando de un trato amable. La ausencia de pendientes, al contrario que en otros puntos de la isla, convierte a este espacio comercial en uno de los más cómodos de visitar de Tenerife. Al caer el sol, la ciudad se transforma. Su marcado acento universitario la ha convertido en uno de los centros de ocio nocturno más concurridos de Canarias. Cuando las cafeteras se apagan, llega la música en vivo, las copas al aire libre, las cenas en una ciudad cargada de historia. Las tascas del centro encienden sus lámparas y se transforman en agradables lugares para tomar una copa. Si quiere más, pregunte por el cuadrilátero, la zona preferida por los estudiantes. Varios locales de música en vivo y una oferta interminable de pubs lo mantendrán entretenido hasta altas horas de la madrugada.
Puede ser que no le baste un día para explorar todo lo que la ciudad le ofrece. De ser así, no dude en pasar una noche en alguno de los pequeños hoteles del casco y continuar al día siguiente. Además, sus precios son más bajos que los de los establecimientos hoteleros de los centros turísticos de playa. La Laguna es uno de los mejores enclaves de la isla para ir de compras, salir a comer y pasar una jornada de ocio. ¿Te lo vas a perder?